Ya viene el día del niño y seguramente en Navidad, Santa Claus y Reyes tus hijos, sobrinos o cualquier niño cercano a ti lo que más recibió fueron tablets, drones, smartphones, patinetas eléctricas, o cualquier otro juguete que se les haya metido a la cabeza…

Muñequitas, muñecotes, casotas enormes donde ellos caben o casitas mini con muñequitos igual de mini que ni siquiera ellos pueden agarrar, peluches que salen de un huevo, tenis que tienen rueditas, videojuegos que los emboban por horas y un larguísimo etcétera.

 

El objeto del deseo deja de serlo cuando uno finalmente lo posee…

Y eso fue hace unos lejanísimos cuatro meses, así es que para estas alturas ya ni siquiera han de hacerle caso a esos regalos y ya estarán pidiendo esto otro porque “te juro que eso es lo que más he querido en mi vida y ya no te vuelvo a pedir nada más…”

¿Les suena?  Y también para estas fechas han de estar contando los días que faltan para la siguiente Navidad o para su cumpleaños y entonces poder hacerse con eso que tanto anhelan y sin lo cual no podrán sobrevivir (o por lo menos no podrán vivir felices).

Es el cuento de nunca acabar

Desafortunadamente vivimos en una sociedad hiper-ultra-mega-archi-recontraconsumista y los niños están siendo educados de acuerdo a lo que ven.  Pero es entonces donde los papás, tíos, abuelos en contacto con niños debemos entrar en acción y promover otro tipo de dinámicas.

 

¿Cuál es el regalo más deseado por los niños?

Tu tiempo.  Suena lógico y también suena muy bonito pero ponerlo en  práctica a veces se nos dificulta sobre todo si trabajas o tienes que llevar la casa o tienes otros hijos.

Yo tuve que idear un método con el cual dejara de desilusionar a mi hija cada cinco minutos cuando me preguntaba si podíamos jugar. Ella sólo veía a esa señora que con la computadora encima o entre montones de exámenes por calificar o con la escoba en una mano, la olla en la otra y la correa del perro en la boca invariablemente le contestaba (como podía) que no, que ahorita no, no puedo, mañana vemos…

¿Cómo le hice?

Con vales.  Recortas pequeñas hojitas y con plumones de colores escribes: “Vale por (puede ser: media hora, una hora, una peli, un partido, un juego de mesa, etc.)” y lo firmas (todo es muy formal).  Yo le hago varios de cada uno.

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Las reglas son estas:

  1. Al darte un vale se tienen que poner de acuerdo los dos en el día y la hora.
  2. No se vale dar dos vales juntos (a menos que sea previo acuerdo).
  3. Entre semana difícilmente se va a poder usar un vale a menos que sea festivo o vacaciones pero pueden ver.
  4. El tiempo que diga el vale (media o una hora) se cronometra y está PROHIBIDO usar el celular u otro distractor. Si van al baño el tiempo se detiene, ese tiempo es de ellos 100%.  En cuanto suena el reloj, se acaba el juego.  Hay vales que no tienen tiempo como el de las pelis o el de los juegos de mesa.
  5. Vale que se usa, se rompe.

No olvides asegurarte de que entiendan las reglas perfectamente.

 

¿Resultado?

Le estás regalando literalmente tu tiempo.  Normalmente le hago un montón de vales (más de cincuenta) dos veces al año.  Ahora mi hija se administra y guarda sus vales como un tesoro. Ella me pide que la próxima vez le haga más de estos o de aquellos.

 

No podemos evitar que los juguetes y los gadgets sigan desfilando. Lo que sí podemos hacer es darles la certeza de que tenemos tiempo de calidad para ellos. Con ello los llenaremos de seguridad y de alegría (y de paso a ti también).

En otro artículo te platicaré sobre algunos juegos rápidos que pueden hacer mientras van en el coche o mientras los bañas.  Son juegos que agilizan su mente y que harán que el tiempo pase mucho más rápido.