Adopción: un acto de amor con impacto social.

“Hasta que no hayas amado a un animal, una parte de tu alma permanecerá sin brillo, dormida”. – Anatole France (Escritor Francés y Premio Nobel de Literatura)

La falta de cultura y educación sobre la tenencia responsable de mascotas es cada vez un problema más alarmante.  Los animales no son juguetes, no son pasajeros, no son desechables y, a pesar de los esfuerzos de las ONG por crear conciencia, todavía hay personas que los abandonan.  Eso no es serio ni responsable.  Cuando uno adquiere una mascota, deberá considerar antes y primero que nada que será para toda la vida.  Es una cuestión de ética, de responsabilidad y de compromiso.

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Algunos datos

México es el país de América Latina con mayor población de perros callejeros, 14 millones según cifras del INEGI y de la Secretaría de Salud.  De acuerdo a organizaciones animalistas, el 70% fueron abandonados o son sus crías.  Conforme la página de Baja Spay and Neuter Foundation, en 6 años una perra y sus crías podrían tener 67,000 cachorros.  Tan solo en la Ciudad de México se sacrifican 10,000 perros a la semana.

El INEGI también nos otorgó el nada honroso tercer lugar en maltrato animal.  Golpes, desnutrición, indiferencia, abuso, tortura y muerte.  Abandonar a un perro en la calle o irlo a entregar a un antirrábico equivale a cualquiera de ellos.

Causas

Una de las principales es la venta de mascotas.  Esta industria genera ventas de entre 500 y 1,000 millones de pesos anuales.  Las tiendas de mascotas y los criaderos lucran con la vida de cachorros y confinan a una existencia miserable a las madres. Cualquiera puede tener un criadero “de raza” en su casa por “tener asegurados” los futuros hogares (o ventas) y si a esto le sumamos la irresponsabilidad de los dueños y las compras que se hacen por impulso sin tomar en cuenta que la mascota requerirá cuidado, atención, tiempo y dinero, el resultado siempre será el mismo: el abandono.

En la calle, en promedio durará 15 días antes de encontrar una muerte violenta o se reproducirá sin control.  Si su propia “familia” lo abandona en un antirrábico, lo dormirán por 35 pesos o en el mejor de los casos le darán 72 horas ya sea para que el dueño lo busque (sólo el 5% de los perros perdidos son reclamados) o que con muchísima suerte sea adoptado o un albergue logre pagar para llevárselo, mantenerlo hasta encontrar un hogar responsable o que el animalito muera ya sea por viejo o por enfermedad.

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Controles exitosos

En Europa y Norte América, se ha promovido la legislación, educación y esterilización (LES en ingles) y ha reducido en un 50% el número de animales sacrificados y en un 75% el número de perros abandonados y callejeros.

Gandhi decía:

“La grandeza de una nación y su progreso moral pueden ser juzgados por la forma en que ésta trata a sus animales”

Y, de acuerdo a los cálculos de Gandhi, México está en pañales. Carecemos de una cultura de tenencia responsable pero también de calidad humana.  La ignorancia en nuestro país está en todos los niveles de gobierno cuya única solución es el exterminio.  Es su deber encontrar las soluciones viables y racionales para lidiar con este conflicto.  En lugar de elegir el camino rápido y fácil, deben elegir el correcto.  El exterminio es una solución cruel, negligente e inaceptable.

¿Qué hace falta?

  • Legislar: leyes claras y puntuales que verdaderamente se supervisen y se cumplan.
  •  Educar: es el paso más desafiante.   El método más efectivo para controlar la sobrepoblación de perros y gatos es influir en su reproducción.  Educar a la sociedad, a los propietarios, antes de que abandonen a sus animales, antes de que permitan que se reproduzcan y si fuera posible antes de que tomen la decisión de hacerse cargo de un animal para que lo hagan de forma responsable.  Hasta que entiendan la conexión entre las crías de sus mascotas y los animales que son sacrificados, millones continuarán muriendo.  Todo aquel que deja parir a su mascota, aunque sea una sola vez, está contribuyendo a que esta situación continúe.  No hay otra forma, no importa cuántas vueltas le des: aunque le encuentres casa a cada uno de los cachorros de tu mascota, le estás quitando la oportunidad a otro animal que está en espera de un hogar y absolutamente nada te garantiza que esa cría no termine en la calle.
  • Esterilizar: para que una campaña de esterilización sea exitosa deberá ser permanente, extendida (llegar a todos los lugares), masiva y gratuita.

Hasta que se haya realizado el 70% de la esterilización no se verá una disminución real de la población, es por eso que si se continúa con pequeñas campañas de esterilización no se producirán resultados significativos.

¿Qué puedes hacer?

Antes que nada, infórmate.  Tener una mascota es un compromiso de por vida y significa tener gastos (vacunas, desparasitantes, comida, veterinario) y dedicarle tiempo (pasearlo, bañarlo, cepillarlo, pasar tiempo con él).

Si ya estás decidido:

  • Esteriliza.  Puedes buscar campañas gratuitas.
  • Responsabilízate. No lo dejes salir solo.  Evitas que se reproduzca y que lo atropellen.  Incluso perros con placa de identificación son sacrificados en los centros de control animal.  Recoge sus heces.
  • Sobre todo: ADOPTA.  Si en lugar de comprar un perro, lo adoptas, estarás combatiendo directamente el problema.
  • Si no puedes o no quieres tener un perro o gato pero te gustaría ayudar, puedes apoyar algún albergue con voluntariado o con un donativo, por mínimo que sea.
  • Denuncia cualquier tipo de maltrato.
  • Si ves un perro callejero, ofrécele algo de comer y agua.

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No seas parte del problema, no compres mascotas, es cuestión de conciencia.

El exterminio masivo no soluciona este problema, además, es contradictorio a los valores éticos aceptados por la mayoría de personas en nuestra sociedad, como el respeto al derecho a la vida, la protección del más débil y el principio de justicia.  No se puede castigar a un inocente por un delito o falta que no haya cometido.

Espero haberte hecho reflexionar un poco acerca de este tema.  Alza la voz, para cambiar hay que hablar.  No podemos permanecer indolentes ante su sufrimiento, nuestra indiferencia también los mata.